En este artículo le proponemos algunas aplicaciones sencillas de los niveles neurológicos. Unas menos conocidas y otras más. Parto de la base que usted conoce mínimamente la diferencia entre conducta e identidad.
Si vemos a alguien que pensamos que ha actuado torpemente, lo que solemos pensar y expresar es: “eres torpe”, con lo cual potenciamos más su torpeza al pasar de la conducta a la identidad, debido a que “si soy torpe, sólo puedo hacer torpezas”. Pero podemos utilizar la misma estructura en un sentido capacitador. Una de las opciones potenciadoras es tomar conductas beneficiosas, útiles, etc. que ya realizamos y preguntarnos: “Esa conducta ¿qué demuestra/dice de mí como persona que está evolucionando?” De esa manera hacemos una transformación desde el nivel de conducta hasta el de identidad y le damos un sentido dinámico y constructivo.
Habitualmente, en consulta utilizo este patrón. Cuando una persona empieza ha hacer cambios de conducta, una manera de ayudarle a que integre con más profundidad ese cambio en su autoimagen es hacer esta traducción. Por ejemplo, un empresario tenía ciertas dificultades en su negocio, después de unas sesiones se veía que las estaba superando y estaba siendo más habilidoso con la situación, le pregunté: "¿Qué demuestra de ti como persona, el desarrollarte en ese ámbito?” A lo que él me contestó: “Que puedo verme como una persona activa en mi desarrollo profesional”. Yo, de nuevo, le pregunté: “¿El verte como una persona activa en tu desarrollo profesional qué dice de ti como persona que está en evolución?”. Él me contestó: “Que puedo crear una nueva calidad de vida”. Y así podemos continuar, encadenando preguntas con respuestas, creando un panorama expandido de nosotros mismos. Además podemos equilibrar nuestra vida prestando atención a nuestra evolución personal y no sólo a lo que va mal.
Si yo digo: “Mira que eres tonto”, consideramos que esa persona, sea nuestro hijo/alumno/empleado, además de ser moreno, tener los ojos castaños, etc., es tonto. Pero si nos expresamos así, lo más probable es que esa persona entienda que, igual que no se puede cambiar el color de los ojos, tampoco puede cambiar el ser tonto.
En cambio, si nos expresamos en términos de conducta, ello tiene la ventaja de que la persona puede percibir el comportamiento como cambiable.
Por ejemplo, si un alumno está molestando a sus compañeras, podríamos decir: "Tu forma de tratarlas no me gusta. Tú eres una persona que las puede tratar amigablemente".
De esa manera, la conducta indeseada se procesa como un algo cambiable, no como algo permanente y propio de la persona y se crea una dirección personal deseable. La cuestión es alejarse de "tú eres malo" y acercarse a "tú, a veces, de comportas de forma inadecuada". Y es conveniente recordar que nuestra comunicación no verbal ha de ser congruente, puesto que si pronuncio “tu conducta me parece inapropiada” con voz de estar insultando, lo que percibirá la otra persona será como si fuese algo que tiene que ver con su personalidad.
Si lo que quiero es que mi hija inicie y mantenga una serie de conductas nuevas y llegue a identificarse con esa forma de actuar, expresaré a mi hija claramente las conductas que quiero promocionar (siendo muy específico) y a continuación crearé un puente con su “personalidad”. Por ejemplo: “Laia, me gusta que recojas los juguetes después de acabar de jugar; sabes ser ordenada”.
Al principio se trata de ir mencionando esas conductas que queremos promocionar (por ejemplo, “Laia me alegra que estés ayudando a Víctor”), para que, gradualmente, se vaya incluyendo esa conducta como característica en su persona (por ejemplo, “Me alegra que seas tan cooperadora”).
Hay que ir con precaución de usar excesivamente este tipo de “elogios”. Podríamos hacer dependiente a esa persona de las alabanzas para que actúe, en lugar de aprender a actuar enriquecedoramente por sí misma. Además recuerde que toda conducta es útil en algún contexto, no en todos. Hay algunos contextos en los que las “mejores” conductas son especialmente nocivas.
La crítica constructiva, basada en el libro El corazón de la mente, C. Andreas y S. Andreas, tal como la explicamos aquí, es una forma especialmente poderosa de ayudar a crear nuevas y potenciadoras tendencias en las conductas de nuestros hijos/alumnos/empleados (o en nosotros mismos), incrementando la empatía y su autoestima, ofreciendo una alternativa precisa de conducta y manteniendo nuestra energía alta.
Otro ejemplo de aplicación de la diferenciación conducta e identidad. Tengo una amiga, Isabel, que da cursos de PNL a empresas, de la que aprendí a este patrón. Me explicaba que en una compañía los encargados se quejaban ante las dificultades que tenían para sintonizar con sus trabajadores. Entonces mi amiga les sugirió como tarea reconocer el trabajo bien hecho de sus colaboradores, tal como explicaremos a continuación. ¡Pero ellos [los encargados] no eran así! Entonces mi amiga les dijo que se metiesen en un bolsillo diez papeles y que cada día expresasen diez reconocimientos a las personas que trabajaban con ellos. Reconocer puntos valiosos de sus empleados como ser puntual, hacer el trabajo a consciencia, ofrecer ayuda a sus compañeros, etc. era algo artificial y costoso al principio. En menos tiempo del que esperaban, empezaron a reconocer los aspectos positivos de sus colaboradores. Y a estos, al verse reconocidos, se sentían más cómodos trabajando y relacionándose. Y a los encargados les gustaba expresar su aprecio porque hacía más agradable el trabajo, mejoraba las relaciones y las hacía más fluidas y armónicas, entre otras cosas.
Atención: es natural sentirse artificial cuando se empieza a desarrollar una nueva actitud habilidad al principio. Toda nueva actitud / conducta se puede aprender con su compromiso y teniendo a la vista de qué se aleja, qué es lo que no le gusta y a dónde se dirige y los beneficios que usted obtendrá.
Carles Porcel, Director de www.PeNeLers.com