Henry Mitzenberg dice: “Un ejecutivo sólo es tan bueno como el modelo que tiene de su organización”. Un modelo del mundo es un conjunto de ideas, conceptos, distinciones, etc. que nos permiten movernos por el mundo con propósito y utilidad. Proporcionan una comprensión operativa de qué, cómo y porqué funcionar de determinadas maneras.
Cuando un directivo hace algo bien, es que dispone de un modelo que le permite obtener esos buenos resultados. Pero apenas tiene conciencia del proceso de creación y mantenimiento y actualización de dicho modelo.
Y si lo quiere compartir con otros compañeros tendrá dificultades en expresarlo, ya que no tendrá las herramientas necesarias para saber con exactitud de qué manera opera y bajo que principios funciona, para que otras personas se beneficien.
De ahí la importancia fundamental de modelar, es decir de aprender a hacer modelos útiles y precisos, que permitan conocer los procesos internos de un directivo con un excelente desempeño o un profesional con un alto grado de eficacia.
Para modelar disponemos de la PNL y de los modelos DBM® que nos ayudan, primero a conocer el funcionamiento de un directivo, equipo o empresa y segundo, optimizarlo.
Al tratarse de modelos que captan toda la complejidad de la conducta humana, nos permiten llegar mucho más lejos en resultados, que la mayoría de disciplinas disponibles.